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La alegría / Sergio Hernández Puga*

 
 

En el verano ocurre en nuestro Estado un acontecimiento ecológico digno de contemplarse: las crisálidas se transforman en mariposas y una explosión de colorido, movimiento y alegría se extiende en las avenidas, sobre los charcos y a lo largo de la costa campechana.

La caída de las primeras lluvias genera este fenómeno, que no será el de las famosas mariposas monarcas, pero sí lo son las amarillas y blancas mariposas campechanas, que además de su esplendor, despiertan un sentimiento de remenbranza.

Cómo no recordar los felices momentos de nuestra infancia en la que posesionados de lo que en maya llamamos "uich", pacientemente las esperábamos llegar por en medio de las callejas de tierra y albarradas para cazarlas, blandiéndolas como piñatas en ese instante de gozo y libertad infantil.

Me recuerda una de las canciones de Joan Sebastian: "Y las mariposas volaban de flor en flor y nos enteramos por primera vez lo que es el amor".

Ojalá así fuera siempre entre la juventud que parece desbordarse en sus afanes y con cierta falta de sensibilidad ante estas manifestaciones culturales.

Si bien, en todo el Estado se manifiesta esta expresión de colorido, y especialmente, los rojos flamboyanes se cubren de esta maravilla blanca y amarilla, es de destacarse su presencia en Champotón, donde a lo largo de toda la costa y aún en el centro de la ciudad se esparcen en abundancia regocijante.

Un prodigio digno de ser estudiado por los ecologistas y contribuir para su preservación. Mariposas, niños y alegría bajo el sol, ustedes son la libertad de la vida y el color, esplendores naturales campechanos... dignos de la contemplación y el canto.

Jueves 16 de julio de 1998.

 
 

*Sergio Hernández Puga es originario de Hecelchakán, Campeche, donde es Cronista. / Fuente: La Literatura en el Periodismo. Sergio Hernández Puga. Edición del H. Ayuntamiento de Hecelchakán, Campeche, 1999. 102 p.