Los centros ceremoniales de pirámides y piedra emanan atmósfera de acrópolis sagrada; serenidad de equilibrio y armonía arquitectónica y ritual que inspiran presencia de respeto.
¿Qué significan con mayor énfasis desde la perspectiva ciudadana y del turismo?, ¿Divisas, ruinas muertas, curiosidades... orgullo, identidad?
Pasear y recorrer los ángulos de piedra, las alturas, el paisaje, el firmamento; la línea cósmica y humana del místico escultor; los caminos agrestes donde la tierra y la hierba susurran ecos de milenios: allí donde habita el corazón de lo sagrado.
Allí el espíritu de los dioses desangraron la existencia de un pueblo; el copal aún ahuma las paredes, y el silencio se transfigura en nombres invocados con la misma energía de los astros.
Allí el alma silvestre se quedó pegado a cada piedra tallada con cinceles de basalto y pedernal. Allí las voces eternas permanecen grabadas en el viento, las estelas y los muros; voces que pasean entre flashes y preguntas y retornan con su eterna pureza a los solsticios y equinoccios de los dioses sedentes, en cónclave con los puntos cardinales.
Allí el pueblo tiene rotos los bejucos que lo anudan a su báculo de hombre y a su diadema de mujer.
Allí el pueblo permanece de rodillas, pero no implorando; allí el hombre conoció la humillación, pero no dejó su pensamiento, su furia y su dolor ocultos.
Allí la mujer dejó de invocar las fases d la luna, y ahora humedece con sus lágrimas el sabor de las tortillas: lágrimas secretas y ancestrales.
Allí habita el corazón del pueblo, un alma de raíces pétreas con una lengua que pregona milenios en su simple enciclopedia de palabras montaraces.
Allí las acrópolis en paz de nuestros dioses permanecen viriles y vibrando en su diario acontecer de diálogo, plegarias, colorido y regateos de espíritus intactos que todavía nos habitan.
Allí, sí, allí el pueblo tiene impreso en lo callado de su alma un eco silencioso de respeto, de humildad y adoración al contemplar las vastas ciudades arqueológicas.
Sí, un eco silente de amor que le murmura: "Penetro, los dioses vigilan. No vengo a saquear, a llevarme los testimonios. No. He venido a respirar las incógnitas que los poetas labraron". Pinto Castilla.
Las ciudades prehispánicas son algo más que divisas y atractivos, son el patrimonio cultural de la nación... y de la humanidad.
Sábado 28 de febrero de 1998.
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