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Que
tan lejana puede ser la mañana
que no llega horizontal a mis párpados.
Soy una araña temerosa de otras arañas,
negra vela metálica para el pulmón
y las ansias de no pensar en nada.
Yo no quise ser vertical,
ni tampoco ser santa.
Es más, yo no quise nada
del lodo biliar de todos los días.
Ni mariposas sin alas,
ni gnomos sin cerebro.
Y de tanto no pedir nada,
¿eso es lo que tengo?
Oye esta plegaria.
También te llamas por nombre de distancia,
y una cosa te aseguro:
que el tiempo pasará encima,
como por mis sueños.
Pero oye este regalo para
la fuerza eólica golpeando sordos:
te quiero.
De todos los nombres que ostentas,
ese es el que me llevo a la bolsa.
Un ángel de Rilke se acerca por fin
trayéndome la aurora,
me bebo el elixir de la muerte diaria
y recuerdo que no tengo orgullo.
Oh, si, traeme la nostalgia,
que todo ángel es terrible,
y de uñas largas para enterrarlas en mis huesos.
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