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Un
hombre anda solo por las calles y avenidas del puerto y
en la esquina se queda parado esperando el autobús
mientras suspira, mientras se hace el dormido y sueña
con la mujer que en alguna ocasión llegó del
trabajo y le llamó para decirle únicamente
que vivía. Un hombre anda de puerta en puerta, le
duelen los portazos en las narices y busca entre miles a
alguna, a ella y piensa que de no encontrarla valdría
por lo menos compararla con otra menos fea. De pronto se
da cuenta que se hace tarde, que las horas pasaron de buscar
de casa en casa, de calle en calle y de golpear una a una
las puertas, transcurrieron por lo menos... no sabe cuántas
horas, pero se hizo el día, se hizo la noche, volvió
la mañana, se fue la tarde y lo agarró otra
vez la noche. Recuerda que tendrá que agarrar el
camión, pero no llega, intuye que no llegará,
es tan tarde que no quedan almas deambulando por el centro
de la ciudad, se siente angustiado, decide descansar y se
va a sentar por el malecón, piensa que el sonido
de las olas lo calmarán y tomará finalmente
la decisión, pero el mar oscuro, la noche sin luna,
los gritos de las olas agitadas, todos ellos se juntan en
una buena obra, en una sátira que se burla de él.
Grita, grita a todo pulmón y se siente desesperado,
analiza y se cuestiona si pierde poco a poco el juicio,
se da cuenta que perdió el portafolio, la maldice,
llora por su abandono, jura buscarla de nueva cuenta y le
pregunta a cualquiera que se aperece en ese instante en
que lo piensa si la conoce, no le responderán, se
escuchará una sonrisa, quizá una carcajada
y le dirán que está loco, descubrirá
que es sólo una fantasía, intenta respirar
y no puede. Partirá, se despedirá de las olas,
se llenará de esperanza hasta que una idea llega,
no es una idea, es un recuerdo y duda.
La
recordará lejos de él, la sentirá fría,
acaso no la sentirá, se preguntará por qué
lo abandonó, recordará la serenata de novios,
el cumpleaños de los viejos, el primer aniversario
de bodas, el hijo varón, el premio de un día,
la foto de los amigos, la noche de bodas, sus besos, sus
caricias, los cuerpos entrelazados, las lágrimas,
las discusiones, las risas, el carro nuevo, el choque, las
patrullas, las vidas.
Se
dará cuenta que ya no estás más, que
un día se fue con otro mejor, con otro que le ofrecerá
serenata de novios, cumpleaños de viejos y nuevos
amigos, sentirá que ya no tiene besos, que su cuerpo
ahora lo tomará otro, beberá algo que un tiempo
atrás él consagró e hizo divino, gritará,
abrirá los ojos, dejará de soñar con
la mujer que un día llegó del trabajo y le
llamó sólo para decirle que vivía.
Caminará e irá de puerta en puerta, se detendrá
y pensará si vale la pena repetir la triste historia
otro triste día, la maldecirá por su engaño,
por su abandono, caminará llorando como un hombre
que anda solo. En la misma ciudad una mujer se encontrará
llorando y preguntará por qué él la
abandonó, se resignará viendo a su pequeño
hijo agarrado de su vestido negro, juntos colocarán
flores, rezarán, encenderán veladoras, inventarán
a los muertos y saldrán de casa en busca de algún
parque o se irán por entre las calles del centro
como unn hombre que anda solo, por las tardes reirán
mirando el mar y sintiendo la brisa de la soledad.
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