C u e n t o

Un hombre que anda solo/ Raúl Blanqueto

 
 

Un hombre anda solo por las calles y avenidas del puerto y en la esquina se queda parado esperando el autobús mientras suspira, mientras se hace el dormido y sueña con la mujer que en alguna ocasión llegó del trabajo y le llamó para decirle únicamente que vivía. Un hombre anda de puerta en puerta, le duelen los portazos en las narices y busca entre miles a alguna, a ella y piensa que de no encontrarla valdría por lo menos compararla con otra menos fea. De pronto se da cuenta que se hace tarde, que las horas pasaron de buscar de casa en casa, de calle en calle y de golpear una a una las puertas, transcurrieron por lo menos... no sabe cuántas horas, pero se hizo el día, se hizo la noche, volvió la mañana, se fue la tarde y lo agarró otra vez la noche. Recuerda que tendrá que agarrar el camión, pero no llega, intuye que no llegará, es tan tarde que no quedan almas deambulando por el centro de la ciudad, se siente angustiado, decide descansar y se va a sentar por el malecón, piensa que el sonido de las olas lo calmarán y tomará finalmente la decisión, pero el mar oscuro, la noche sin luna, los gritos de las olas agitadas, todos ellos se juntan en una buena obra, en una sátira que se burla de él. Grita, grita a todo pulmón y se siente desesperado, analiza y se cuestiona si pierde poco a poco el juicio, se da cuenta que perdió el portafolio, la maldice, llora por su abandono, jura buscarla de nueva cuenta y le pregunta a cualquiera que se aperece en ese instante en que lo piensa si la conoce, no le responderán, se escuchará una sonrisa, quizá una carcajada y le dirán que está loco, descubrirá que es sólo una fantasía, intenta respirar y no puede. Partirá, se despedirá de las olas, se llenará de esperanza hasta que una idea llega, no es una idea, es un recuerdo y duda.

La recordará lejos de él, la sentirá fría, acaso no la sentirá, se preguntará por qué lo abandonó, recordará la serenata de novios, el cumpleaños de los viejos, el primer aniversario de bodas, el hijo varón, el premio de un día, la foto de los amigos, la noche de bodas, sus besos, sus caricias, los cuerpos entrelazados, las lágrimas, las discusiones, las risas, el carro nuevo, el choque, las patrullas, las vidas.

Se dará cuenta que ya no estás más, que un día se fue con otro mejor, con otro que le ofrecerá serenata de novios, cumpleaños de viejos y nuevos amigos, sentirá que ya no tiene besos, que su cuerpo ahora lo tomará otro, beberá algo que un tiempo atrás él consagró e hizo divino, gritará, abrirá los ojos, dejará de soñar con la mujer que un día llegó del trabajo y le llamó sólo para decirle que vivía. Caminará e irá de puerta en puerta, se detendrá y pensará si vale la pena repetir la triste historia otro triste día, la maldecirá por su engaño, por su abandono, caminará llorando como un hombre que anda solo. En la misma ciudad una mujer se encontrará llorando y preguntará por qué él la abandonó, se resignará viendo a su pequeño hijo agarrado de su vestido negro, juntos colocarán flores, rezarán, encenderán veladoras, inventarán a los muertos y saldrán de casa en busca de algún parque o se irán por entre las calles del centro como unn hombre que anda solo, por las tardes reirán mirando el mar y sintiendo la brisa de la soledad.

 
 

Fuente: De serpientes. Raúl Blanqueto. Fondo Estatal para la Cultura y las Artes. Campeche, Camp., 2004. 50 p.