Un sábado de junio del 2014, por la tarde, se apagó la vida del gran Bartolito, como se le conocía a un singular personaje de esta ciudad, una persona que dejó huella por poseer cualidades que lo hicieron un tipo simpático.
Bartolomé Castellanos Güémez, quien nació el 14 de enero de 1952, nació con Síndrome de Down, más él vivió su vida como se la imaginaba, en su mundo.
Bartolito logra hacerse notar con sus ocurrencias y manera de ser, con un carisma que lo identificaba se ganó un lugar muy especial entre quienes lo conocimos.
Por recomendaciones del Dr. Eduardo Baeza García (+), se le inscribió en la escuela primaria “Carmen Meneses”, en el barrio San Luisito y ahí Bartolo quizás aprendió algo. Se le veía pasar por las mañanas con su bulto cargando sus libros y cuadernos.
La hizo de obrero: cuando existió la trituradora de piedras de Enrique Castellanos (+), quien era su tío, Bartolo trabajaba echando piedras a la máquina, de ahí adquirió una fuerte complexión.
Su pasión por la música lo llevó a ser "cargador oficial" de timbales de grupos musicales que acompañan a los tradicionales “Gremios de octubre”. Bartolo todos los días, durante un mes, traía y llevaba los timbales por diferentes rumbos de la ciudad. Comentaba su mamá que para estas fechas Bartolo bajaba de peso, porque casi no comía por irse a los gremios.
Gonzalo Sobrino (+) y Julián Carcaño (+), administradores de Correos y Telégrafos, respectivamente, en son de guasa, cuando el gremio se acercaba y pasaba cerca de las oficinas, trataban de quitarle a Bartolito los timbales y éste, enojado, les gritaba.
Se le podía ver en las noches a las puertas del templo, donde la "charanga" tocaba cada noche de octubre. Mientras se quemaban los juegos pirotécnicos, Bartolito, dirigía a los músicos, quienes en ocasiones le daban las maracas para que tocara.
En las mañanas pedía dinero a la gente, para comprar periódico y su bebida preferida (Coca-cola) y; luego se sentaba en una banca del sitio de taxis, a “leer” la prensa. Había ocasiones que gritaba junto con los taxistas: "Cacaché..." (en vez de Dzitbalché, "Cacachán... (Hecelchakán). Medio balbuceaba algunas palabras. Ahí se pasaba horas contemplando a las gentes y a las muchachas.
En sus últimos años acudía a todas las oficinas del Palacio Municipal, donde pedía revistas y periódicos y se sentaba en las bancas dizque a leer sus revistas (sólo veía las fotografías).
Bartolo escuchaba todas las misas, se sentaba adelante y cantaba junto con los coros. Era tan fuerte su voz que opacaba y enojaba a los integrantes de los coros. Don Augusto Alpuche (el profe Uto), donde encontrara a Bartolo, entonaba la canción "este gallito como usted lo ve, sale a la calle por primera vez…”, con esto lo prendía y no había quien lo parara de cantar.
Otra cualidad: a aquella persona que él apreciaba, la abrazaba y besaba cariñosamente.
Bartolo, persona sana, perdió la visión y se le intervino quirúrgicamente, no se recuperó, A raíz de esta ceguera ya no podía caminar y eso lo enfermó. El parte médico dijo: tiene 62 años de edad, pero en realidad es como si tuviera 92 años; por su enfermedad, es un anciano y murió de vejez -un infarto-.
Bartolito logró vivir muchos años, pero hubo un factor que contribuyó mucho a su longevidad: nunca estuvo encerrado por mucho tiempo; siempre andaba y esa libertad de salir por su pequeño territorio (plaza principal, caminar por las calles, ir a la iglesia, etc.), le hizo vivir muchos años, ya que las personas con esa discapacidad no viven muchos años, vemos que con Bartolito fue la excepción.
Bartolito fue una persona especial. |