El corazón de Ah' Canul - 15
 
No. 15
E d i t o r i a l
 

Definitivamente en nuestras comunidades hay elementos que llegan a estar profundamente ligados a la vida de los habitantes. Nos ha llamado la atención el impacto que causó en muchos ciudadanos la extinción de un árbol que se encontraba en un arriate circular, ubicado entre el parque principal y el Palacio Municipal, pues fue mudo testigo de muchos sucesos que aún están grabados en la mente de varias generaciones de calkinienses. Por ese motivo cedemos el espacio del EDITORIAL a un artículo del Profr. Carlos Estrada Arcila, para presentar su

Réquiem por un árbol

¿Conociste el añejo roble que se encontraba entre las calles 17 y 20 de la ciudad de Calkiní y en cuyas altas ramas se columpiaban los nidos de los pájaros que en las frescas alboradas y en las tibias tardes sosegadas deleitaban con sus trinos al viandante?

¿Conociste el frondoso roble que cobijó la refresquería de Don Andrés Burgos y bajo el cual se respiraba por las noches el grato aroma de los panuchos y se escuchaba la vocinglera plática de los jugadores de la Lotería Campechana enriquecida con el canto de: cinco, la jaula; noventa, el mundo; treinta, la almirez;...; el eufórico grito; ¡Aquí!, de algún jugador y la expresión de Don Beto Estrada: ¡Lotería y no borren!, indicando que tenía que corroborar la jugada?

¿Conociste el vetusto roble de fresca sombra donde los jóvenes se reunían a platicar sobre los acontecimientos locales, así como para saludar, con juvenil picardía, a las muchachas que por allí pasaban.

Si conociste ese majestuoso árbol canta un réquiem en su memoria porque el avance de la "civilización", más que el correr del tiempo, le cobró caro tributo, primero le amputó sus ramas y posteriormente, tras triste agonía, le segó la vida.

Si conociste ese hermoso árbol guarda en tus recuerdos el frondoso follaje esmeralda del añejo roble que fuera uno de los símbolos del Calkiní del siglo XX.

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En nuestra publicación correspondiente al número 14, este tema fue abordado por nuestros colaboradores Felipe Castellanos A. y Carlos Fernández Canul.