El corazón de Ah-Canul 1

No. 1

El Museo Yucateco, una Joya Campechana

Tatiana Suárez Turriza

 

Para entender el presente es necesario desenterrar y comprender nuestro pasado. Con esa certeza un grupo de intelectuales yucatecos y campechanos, dirigidos por Justo Sierra O’Reilly, fundaron hace más de un siglo la primera asociación civil y literaria de la península, la cual surcó el sendero hacia el progreso cultural de nuestra región. En medio de un clima de tensión política, esos intelectuales se percataron de que la única manera de poder entender la situación presente y dirigirse hacia el futuro era aprender a mirar hacia sus raíces y evaluar la propia historia.

Esa sociedad tuvo como órgano de difusión la revista El Museo Yucateco, impresa en 1841 en la ciudad de Campeche por José María Peralta, hoy considerada como una auténtica joya hemerográfica. Así, fue Campeche el lugar donde salió a la luz la primera revista literaria de Yucatán, la cual, a diferencia de las demás publicaciones que circulaban en aquel tiempo, no trata temas políticos; sus intereses principales giran en torno a la divulgación literaria, artística, científica, antropológica e histórica. En la introducción firmada por el campechano Vicente Calero se manifiesta los intereses de los editores: “El deseo de animar a nuestros compatriotas a la afición al estudio de las materias    literarias   nos   ha   impulsado  a presentar este imperfecto ensayo con la esperanza de abrir el camino que debe perfeccionar el tiempo y el buen gusto…” y, más adelante, se afirma que no hablarían “una palabra de política: tal es la oferta que ya hemos hecho a nuestros conciudadanos y esperamos por esto no sean condenadas al desprecio nuestras tareas”.

Uno de los fines primordiales de la revista fue el de dar cuenta, a través de escritos de índole tanto literaria como histórica, de la riqueza cultural de la península   de   Yucatán,  con  miras al orgullo de sus paisanos por su propia tierra y, a la vez, demostrar ante las miradas extranjeras que Yucatán había sido, desde la antigüedad y hasta el momento en que se escribía, una sociedad digna de ser considerada entre las más excelsas civilizaciones del mundo. En suma, El Museo Yucateco pretendía ser, como su mismo título lo sugiere: “Un Museo de preciosidades naturales y artísticas y de monumentos antiguos”; ya que, tal como lo expresan sus editores, “Este sería un paso de gigante que daríamos en la carrera de la civilización, por más indiferente que parezca a algunas personas”.

En la revista se encuentran valiosas aportaciones literarias de escritores mexicanos, yucatecos y campechanos, que tienen por tema la  historia  y  riqueza cultural de nuestra región. Una de ellas, por mencionar alguna, es un excelente cuadro costumbrista de Isidro Rafael Gondra, titulado “Campeche visto desde el mar”. Ahí también se publicaron por vez primera las interesantes leyendas de Sierra O’Reilly que rescatan algunos pasajes de la historia de la piratería y de la vida colonial en Campeche y Yucatán, lo mismo que artículos costumbristas, como el titulado “Las diligencias y la  feria  de  Izamal”.

Además, encontramos entre sus páginas invaluables documentos históricos (cartas, testimonios,  textos  históricos)  que  datan  o versan sobre los tiempos prehispánicos y coloniales, como un escrito titulado “Documentos sobre la historia de Yucatán anterior a la conquista”. Los más de los artículos y crónicas literarias contenidos en la revista tienen por tema la grandeza de la civilización maya; entre ellos se puede mencionar “Ruinas de Chichén Itzá”, “Viaje a Bolonchén-Ticul” firmada por D. F. M. de A, “Nachicocom y los embajadores del Tutulxiu”, “Teogonía de los antiguos indios de Yucatán”, “Las ruinas de Uxmal”, “Del modo con que los antiguos yucatecos computaban el tiempo” y “Antigüedades del país”. Incluso, en varios de estos escritos, podemos hallar referencias sobre algunos pasajes de la historia de Calkiní.

Rubén Bonifaz Nuño, gran poeta y estudioso de nuestras culturas prehispánicas, en alguna ocasión afirmó que para conocer la “verdad” sobre estas civilizaciones, más que a los libros habría que preguntarle a las piedras, y con esto, por supuesto, se refería a nuestros vestigios arqueológicos.  Ciertamente, el valor de muchos de los artículos de la revista radica en ser el  testimonio de las primeras miradas y preguntas que los estudios yucatecos dirigieron a las magníficas zonas arqueológicas mayas.

Gran parte de nuestra historia respira en las páginas amarillentas de esas revistas y periódicos literarios perdidos en algún archivo o biblioteca, esperando ser salvados del olvido. Ciertamente la asociación de El Museo Yucateco consiguió con su labor cultural no sólo impulsar el cultivo de la literatura, sino también logró que, como nunca antes, la sociedad campechana y yucateca volviera los ojos hacia su propia tierra, y comenzara a delinear su identidad: no española, no indígena, sino mestiza.

A más de un siglo de distancia, tal parece que el espíritu de aquellos intelectuales sigue inspirando a la sociedad campechana. El camino inaugurado por ellos ha sido retomado en días recientes en nuestra comunidad por un grupo de personas entusiastas que, acorde a los lineamientos ideológicos de aquellos campechanos y yucatecos del XIX, están ciertos de que, allende cualquier interés político, el camino de la cultura es un sendero seguro hacia el progreso de nuestra región. La sociedad civil U’ PUUK SIK AL AH CANUL continúa así la tradición y pretende con su labor cultural fortalecer en el corazón de sus paisanos el orgullo por su tierra.