La
familia es el primer grupo social al que pertenece el ser
humano, es el entorno que provee sentimientos, principios,
valores y hábitos para ser, crecer y trascender como
persona.
Históricamente,
se ha considerado a la familia como la base de la sociedad,
ahora más que antes, es necesario revalorar su existencia
como institución social, promotora de los valores esenciales
para la vida en sociedad; para que de generación en
generación las personas se unan para garantizar el
respeto al ser humano, su vida y existencia como valores fundamentales
para edificar una cultura por el respeto y aprecio a la dignidad
humana.
Cada
familia construye su propia historia con las experiencias,
aspiraciones y proyectos que en ella se definen para vivir
y hacer de ese espacio llamado hogar el mejor lugar para expresar
amor, respeto y comprensión. En familia, padres e hijos
crecen como personas, comparten enseñanzas y experiencias,
aprenden nuevos conocimientos, adquieren hábitos y
valores, fortalecen su sensibilidad para expresar sus emociones,
afectos y preferencias. En el seno de la familia, el ser humano
tiene la posibilidad de adquirir valores para vivir en sociedad;
descubrir la calidez de los sentimientos y encontrar la paz
interior necesaria para edificar la personalidad de cada uno
de sus miembros.
Ahora
más que nunca, la familia necesita fortalecer sus valores,
reafirmar su función educativa y trascender históricamente
como la institución social, educadora y formadora de
las nuevas generaciones.
La
vida en familia es una oportunidad para ser y crecer, es el
entorno social natural por excelencia, ayuda a descubrir que
la esencia de la vida depende de la calidad del ambiente familiar
que se comparte, de la sinceridad con que se expresan los
sentimientos, de la creación de oportunidades para
el diálogo y la comunicación.
La
vida en familia debe valorarse como el mejor tesoro que el
ser humano posee. Sentirse parte de una familia es una forma
de reafirmar la identidad, sentirse aceptado y amado; en familia
aprendemos a vivir, y a apreciar la belleza de la vida.
La
vida en familia alimenta la existencia de cada ser humano,
guía el descubrimiento del amor para renacer continuamente
y encontrar la belleza interna en cada persona, porque una
persona capaz de reconocer los puntos en los que brilla y
compartir ese brillo con los demás, reafirma su belleza
interna, su espíritu se engrandece con lo que recibe
y su corazón con lo que da.