Inicio de la página
Comentarios, artículos, columnas...
 
(8 de mayo de 2005)
 
Lecturas y autores // Sergio Hernández Puga*
 

En este tiempo de preservativos, SIDA y exhaltación de la apariencia física y los órganos reproductivos, no puede morir del todo el erotismo, el deseo puro y el amor concebidos por el pensamiento y vanguardia de los poetas y escritores.

¿Qué fuera del diario acontecer si no hubieran profetas desengañados y sin monedas en los bolsillos que opusieran a la firvolidad de los mensajes la inocencia, a la imagen burda el candor y a la obscenidad publicitaria la sonrisa?

En estos años de condones y brasieres arrojados en los escenarios a los pies de los cantantes, ¿qué fuera de las hijas y niñas si no hubieran necios amantes de la excelencia literaria que persistieran y se aferraran a las lecturas de Alicia en el país de las maravillas, Cenicienta, Sherezada en las mil y una noches y María de Jorge Issacs?

En estos días en que la ingenuidad se pierde, como el sol ocultado en una nube de contaminación, en la boca de cualquier lobo con intereses falsos, y la inocencia, altísima y sagrada, cae de rodillas ante la palabra fácil de cualquier imbécil.

Continúen perennes y sonoras las "cursis y anticuadas" ideas de Acuña, Bécquer, Sor Juana, Mistral, Storni, Ibarbourou, sintetizadas todas en un verso de Neruda: "Y en nombre de mi cambiante amor, proclamo la pureza".

En este tiempo de libertad... ¡la libertad! La misma bravura para la grosería y el poema erótico, la misma desfachatez para la desintegración de las verdades y la permanencia de los valores universales.

En esta época de transición entre la vida terrícola sedentaria y la colonización del espacio, como en la viña del Señor: el cardo y la semilla juntas, viviendo y dejando vivir.

En esta época cibernética el tiempo y el espacio para la frivolidad de Molotov, Spice Girls, infidelidades de Clinton, pero también para la rebeldía con esencia de libertad que Fausta Gantús propone en su poesía erótica: "Es Dios quien se flagela para negar la carne, quien se corona para que corra el semen por su frente en un orgasmo de vida".

En este fin de siglo que tiñe con oropel la exhibición carnal de la grandeza femenina en los concursos de belleza, con ideales estéticos inalcanzables para la mayoría de las mujeres campechanas, quienes por sus características étnicas y culturales pertenecen a modelos estéticos autóctonos.

Que resuene el canto real y sencillo de Waldemar Noh Tzec, que es el reflejo de lo que es la auténtica mujer campechana sin barnices y sin sedas de otros lares: "Ella no es la más hermosa mujer en el mundo, no cabe en sus cabellos el torturante peinado de la sofisticación; el tacto candente de las tortillas, pimes y penchuques hirió sus manos; para creer en Dios no requiere las visitas suntuosas del gran padre de Roma; es el lábaro de su voz la gloriosa lengua de los Chilames; ella es una mujer común, ella es mi esposa".

Ante la avalancha de imágenes y mensajes, qué fuera de los niños sin las 20 mil leguas de viaje submarino de Julio Verne, el libro de la selva de Rudyard Kipling, Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain, Oliverio Twist de Charles Dickens, y el sentimiento profundo y paternal de Santiago Canto Sosa: "...me mordió los ojos con su inocente latido. Anoche conté los dientes de mi retoño, resumen de la piel, y quedé tranquilo con la vida".

En este tiempo de libertad, que no mueran del todo los poetas y escritores, y aunque siempre marginados, humillados y pobres, que sus voces unidas persistan en una sola voz de erotismo, deseo, amor y candor, entendidos como valores trascendentes que exponen su verdad universal: ¡proclamamos la pureza!

Martes 28 de abril de 1998.

*Cronista de Hecelchakán

 
Fuente: La literatura en el periodismo. Sergio Hernández Puga. Edición del H. Ayuntamiento de Hecelchakán, Campeche, 1999. 102 p.