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Columna de Teresita

Rumbos nuevos para el magisterio

(14 de mayo de 2014)
 
 

La celebración mexicana del día del maestro se remonta a 1918, desde la aprobación que hiciera el Congreso de la Unión a la fecha y firmado por el Presidente Venustiano Carranza; sigue siendo hasta hoy, una fecha especial para los hombres y mujeres que dedican su tiempo al servicio docente.

Con el devenir de los años, la concepción e imagen social de la profesión  se ha transformado: el reconocimiento al maestro rural en la época postrevolucionaria, el desempeño de los docentes durante el tiempo de Lázaro Cárdenas, la modernización educativa de los noventa y sus repercusiones en el magisterio y la actual reforma legislativa en materia educativa, han trastocado las conductas y valores del magisterio nacional.

El momento político y la economía, determinan el rumbo de la historia de la educación pública, ésta a su vez,  perfila las actitudes y la identidad del maestro en cada momento. En todos los tiempos, la figura del educador viste relevancia, a veces de un protagonismo individual hacia una colectividad depreciada. Lo que es una verdad, es que independientemente de los gobiernos, la maestra o el maestro tienen un lugar especial, en la vida de los pueblos, su quehacer contribuye a la formación de los niños, interviene en el comportamiento y aspiraciones de los adolescentes, motiva a los jóvenes a perseverar para concluir los estudios y alcanzar la cristalización en su etapa productiva.

Todas las profesiones tienen satisfacciones, retos, responsabilidades y gratificaciones, sin embargo, una que se nutre del humanismo es la del maestro. Se trata de una carrera compleja pero al mismo tiempo, de libertad y aprendizaje. Las experiencias profesionales del docente se enriquecen gracias al desempeño en el aula, a la convivencia diaria con alumnos de diferentes edades, estilos de aprendizaje, características, entornos socio-culturales y de familias. Cada  día del ciclo escolar, en  cada clase, , puede reafirmarse la vocación o simplemente incentivarla; tal situación no sucede en todos los maestros, pues para algunos, se trata de un trabajo simple, cumplir horarios, recitar información o simplemente hacer monólogos en el aula. Además de no compartir con los compañeros ni aceptar tareas que mejoren el ambiente escolar para alcanzar resultados de excelencia en el aprovechamiento académico de los educandos.

Los maestros de principios y finales del siglo XX respondieron a las necesidades de su momento, el ingreso a las escuelas normales, su incorporación a la plantilla laboral, la promoción a categorías superiores, el salario y reconocimiento se asignaron con escasa transparencia según los procesos de selección o concursos de oposición aprobados en esos años; al menos, para el presente decenio del siglo XXI, los mecanismos se modificaron atendiendo a las disposiciones federales  de la reciente legislación en materia del Servicio Profesional Docente.

 
 

Hoy día, elegir ser maestro, cursar estudios en alguna escuela normal o aspirar a una plaza docente en educación básica o media superior, tiene que ser una elección razonada. El futuro maestro se someterá no sólo a un primer concurso sino a un proceso de introspección individual al momento de tomar la decisión, pues estará en juego, la inversión de su tiempo, su vida presente,  la responsabilidad que conlleva la profesión docente y el trabajo en el servicio público. Para ser maestro, no es suficiente el certificado de estudios, el título normalista, la cédula profesional, aprobar el examen, pasar la prueba psicométrica para ocupar una posición favorable y adquirir una plaza, también se requieren actitudes positivas, habilidades didácticas, conocimientos, valores éticos y hasta, algunas, aptitudes específicas.

Aunado a lo anterior, deberá participar de manera obligatoria en los procesos de actualización y formación continua para ser evaluado con base a los perfiles y parámetros establecidos en la normatividad vigente: 1) un docente que conoce a sus alumnos, sabe cómo aprenden y lo que deben aprender; 2) un docente que evalúa y organiza el trabajo educativo y realiza una intervención didáctica pertinente; 3) un docente que se reconoce como profesional que mejora continuamente para apoyar a sus alumnos en su aprendizaje; 4) un docente que asume la responsabilidades legales y éticas inherentes a su profesión para el bienestar de los alumnos, y  5) un docente que participa en el funcionamiento eficaz de la escuela y fomenta su vínculo con la comunidad para asegurar que todos los alumnos concluyan con éxito su escolaridad.

La situación actual para quienes anhelan trabajar como docentes los sitúa en un tiempo urgente para mejorar la calidad educativa, fomentar la profesionalización, contribuir a un cambio en la cultura laboral del magisterio y abrazar con convicción que ser maestro no es un oficio de exhibición sino una profesión decorosa, humanista y social; su esencia se nutre con el desarrollo del ser, el desarrollo de competencias para la vida y la construcción de un concepto de ciudadanía que contribuya a la formación de personas responsables, solidarias y de ciudadanos cívicamente comprometidos consigo  mismos, su familia, comunidad, país y medio ambiente.

Los maestros de hoy viven un momento trascendental, justo en esta década de cambios vertiginosos, bien vale la pena dignificar la profesión, rescatar testimonios y experiencias de educadores locales destacados en el plano de la investigación, innovación, el deporte, cultura, artes, labor comunitario,  filantropía, la política y el servicio público, entre otras disciplinas. Estimular  el reconocimiento social de los forjadores de la educación y del desarrollo de los pueblos, ofrecer estímulos a la trayectoria profesional no a la antigüedad en el servicio. El maestro reencontraría su misión, nuevamente renacería la filosofía de una profesión humanista.

La celebración del día del maestro responde a una fecha simbólica, aceptada socialmente; su duración debe ser permanente, no es un día de fiesta, sino la sucesión de ciclos en la vida escolar, el goce de las victorias estudiantiles, la satisfacción del logro de resultados, la alegría de un incentivo y la recompensa por la responsabilidad y profesionalismo con que desempeña la docencia.

Ser maestro no es una tarea fácil, es el ejercicio continuo lo que perfila la excelencia; el éxito se basa en la disciplina, voluntad, sensibilidad e inteligencia con que se actúa en esta generosa profesión.

Bienvenidos maestros jóvenes que se integran al gremio magisterial, su obra será el cimiento de un futuro prometedor; retomen el timón, honren la profesión, cultiven el saber y contribuyan a edificar el presente de sus alumnos porque ellos serán en las próximas décadas, el pueblo laborioso que velará por la prosperidad de esta nación.

Felicidades maestras, enhorabuena maestros.

Ciudad, mayo de 2014.

 
 
 
Texto y fotos: enviados por Teresita Durán, 14 de mayo de 2014