La niñez es una etapa maravillosa de la vida, una fase del desarrollo, llena de sorpresas, descubrimientos, aventuras al explorar el entorno: la casa, el campo, escuela, la tierra, los juguetes y hasta la mano de mamá o los abuelos. Durante la infancia, la curiosidad, es como un imán, atrae objetos inanimados, formas del medio ambiente que controla con inteligencia. ¡Cuántas travesuras, inventos y castigos se reciben durante la etapa de los sueños! ¡Esa es la niñez!
Durante los primeros años, los pequeños establecen relaciones afectivas que servirán como cauce para otros vínculos sociales en el hogar y en la escuela. La afectividad es otro ingrediente que hace posible la construcción de cimientos firmes en la estructuración del yo. No hay duda, la infancia es la base para un adecuado desarrollo integral; en ese período, los infantes, adquieren raíces para crecer y alas triunfar en la vida.
Es tan sorprendente la infancia y a la vez fundamental para la vida, que desde la incursión de Joaquín Baranda como Ministro de Justicia e Instrucción Pública en el país, el gobierno mexicano mostró interés por ofrecer educación a los niños. La fecunda labor de Enrique Rébsamen, Ignacio Manuel Altamirano, Justo Sierra Méndez, entre otros, fue determinante para la organización de la atención de los infantes. El proyecto de esa época, se fortaleció con la sensibilidad y conocimientos de Estefanía Castañeda y Rosaura Zapata, mismas que se convirtieron en pioneras de la educación infantil, ambas perseveraron en la organización de los Jardines de Niños, inspiradas por los principios pedagógicos y filosóficos de Federico Froebel y Enrique Pestalozzi. Se dieron los primeros pasos, así, las escuelas para los pequeños preescolares fueron convirtiéndose en espacios idóneos para la enseñanza.
En la historia de la educación nacional, los Jardines de Niños se han transformado, las reformas curriculares, la obligatoriedad del Preescolar, son parte de los cambios sustanciales en este milenio. Desde el siglo pasado hasta nuestros días, la existencia de una persona capacitada, responsable en la educación infantil, es pieza angular para la creación de espacios lúdicos, seguros y de aprendizaje; ese personaje es la educadora. Sí, la profesionista que canta, baila, decora y comparte experiencias extraordinarias con los pequeños. En su honor, el 21 de abril, es la fecha dedicada para honrarla, reconocer su vocación, valorar su contribución al crecimiento, desarrollo cognitivo y afectivo de los infantes -futuros ciudadanos-.
Dedico estas líneas, a las educadoras, profesionales de la educación infantil, artistas entusiastas, mujeres cariñosas que dibujan sonrisas, leen cuentos, curan heridas y cantan acompañadas de Crí Crí. La suavidad de sus manos, guía la de los niños para hacer primeros trazos en el papel, iluminar la bandera tricolor o el azul intenso de los mares. De sus manos generosas, el movimiento coordinado para empezar a escribir las primeras palabras, los números y hasta poner los puntitos de las fresas.
Las educadoras se convierten en personajes mágicos de los castillos, en atrevidas mariposas que surcan los cielos, descansan en las estrellas, platican con los astros y coquetean con el señor Sol. Princesas, mariposas, peces, hadas, brujas, reinas y hasta, se vuelven ágiles hormigas o abejas laboriosas.
A esas mujeres de manos creativas que dan matices a la noche en el otoño, a las plantas de los bosques; que pintan minúsculas catarinas, las rayas de la cebra o las manchas de la jirafa, también dan color a triángulos, círculos, cuadrados y formas de la naturaleza.
A ti, educadora que depositas la semilla del saber y con tu luz, iluminas el camino hacia el aprendizaje, sé siempre la auténtica cantora de las rimas, trabalenguas y poemas; regálale tu voz a la abuelita, el rey, la hija del campesino o al pequeño travieso de los cuentos. Canta con los coros de grillos o las sopranos del estanque, con todas esas voces un gran concierto darán en el teatro escolar.
A ti, educadora, de sonrisa franca y abrazo sincero, que cobijas al pequeño huérfano o al chiquillo que llora; deja tu encanto maternal, irradiar los momentos de tristeza o enojo de los pequeños, deja tu ejemplo, esparcir el poder de la alegría y aplacar el temor de la oscuridad.
A ti educadora, amiga de los duendes y abogada de los animales salvajes, conserva esa valentía para defender los derechos de los niños. Educadora que tienes el privilegio de descubrir durante los días de tu vida profesional y laboral, la inagotable fuente del conocimiento, la lógica del pensamiento infantil y el universo sorprenderte de las palabras en los libros.
Maestra del Jardín de Niños, deja el abono de la paciencia, cultivar chicos tolerantes; la aceptación, para hacerlos valiosos de sí mismos, el reconocimiento enseña que es bueno tener una meta y la seguridad, cimienta la confianza. Tiende tus redes para hacer alianzas con los padres o tutores, para que juntos, entretejan lazos de paz, amor y comprensión.
A ti educadora del niño en edad preescolar, creadora de escenarios atractivos para favorecer el desarrollo de las competencias para la vida. Haz de cada situación didáctica una situación de aprendizaje significativo, procurando en forma permanente, la construcción del conocimiento, el desarrollo de habilidades, la formación de valores y actitudes. Que tu fecunda labor, permita cultivar alegrías, sonrisas y conocimientos; cada experiencia deje aprendizaje, cada vivencia una huella; cada conocimiento, la herramienta del saber.
El pasaporte de la educación básica está en los Jardines de Niños, las manos de las educadoras resguardan la llave del tesoro y el corazón de los niños, siempre será bondadoso para enseñarnos que sí existe el universo de los sueños.
Un saludo fraternal y felicitaciones a las Educadoras en su día, heroínas de los niños...
San Francisco de Campeche, Cam. 2 de abril de 2013. |