La
vejez es una etapa del desarrollo humano, no todos los que nacen
llegan a ella. Los hábitos sanos, alimentación
saludable y la calidad de vida de la persona, es garante para
celebrar muchos de años. Quienes llegan a ese momento
de su existencia, pueden hacerlo en buen estado emocional y
mental, otros, a lo mejor con algunas carencias y debilidades.
Cuando eso sucede, el entorno familiar se vuelve paño
ideal para cubrir las necesidades de los ancianos y fuente de
compañía. Los adultos mayores son seres con vastos
recuerdos, sensibles, deseosos de afecto.
Como
dice la canción… “como han pasado los
años”… Cuando los años se acumulan,
los cambios no pueden ocultarse, la piel pierde firmeza, aparecen
arrugas, una que otra mancha sobre el dorso de la mano, en el
rostro, el antebrazo y… enseguida se notan las huellas
de tantos cumpleaños. No se diga, de la velocidad para
caminar, ésta cambia drásticamente, aquella rapidez
de gacela, se esfuma; el andar se vuelve lento, y a veces, tembloroso.
Fueron tantos pasos en caminos diferentes, colinas que subir,
espinas que librar o piedras que brincar, miles de kilómetros
recorridos, algunos con barreras y otros libres de obstáculos,
como hayan sido, fueron senderos con rumbos diferentes. Ya en
el último tramo, el vigor se mantiene y la esperanza
de seguir no desaparece.
Los
adultos mayores representan sabiduría, transportan un
arcón de saberes, es la propia escuela de la vida, su
fiel consejera; por muy difícil que haya sido el pasado,
conocimientos sustentan aprendizajes. Las experiencias son como
el cristal para mirar el porvenir, la lupa para admirar riesgos,
el termómetro para medir la intensidad de las emociones.
A lo largo del recorrer por la vida, los adultos mayores simbolizan
principio de trascendencia. Reconocer su sapiencia y esfuerzos,
es una manera de exaltar su trabajo en el presente que hoy disfrutamos,
a todos ellos muchas gracias por dejar estelas de espíritu
emprendedor, vigoroso y decidido. En señal de gratitud,
comparto unos pensamientos:
El
fresco de la aurora llega a la fragilidad del cuerpo, aquel
cuerpo fuerte, hoy está arropado por el calor de una
cobija; apenas el amanecer da muestra de su majestuosidad ¡un
día más! ¡qué alegría, la
bendición de tener otra oportunidad, sentir el palpitar
del corazón, escuchar el trino de las avecillas, ver
el brillante astro rey… suspirar, exclamar ¡gracias
Dios mío! (Nadie sabe si verá el inicio de un
otro día, si el Creador regala esa alborada, la dicha
de sentirse bendecido será realidad). |
Valiente
adulto mayor, que en tu andar surcaste colinas, llanos y praderas,
el verde de los laureles pinta el horizonte; bajo tus pies descalzos,
la tierra pródiga te sostiene. A tus pequeños
ojos con muestras de cansancio, pequeñas luces chispean:
girasoles, mañanitas multicolores y narcisos.
A
ti adulto mayor que disfrutaste un mar de alegrías, conserva
la sencillez de la sonrisa y pinta en tu rostro, la ternura.
Si alguna vez, del dolor y la tristeza, fuiste prisionero, abandona
las cadenas que atan pasajes tormentosos, mejor atrapa con las
manos mariposas y en las noches, cuando duermas, ilusiones.
Tu
que conservas la armadura de mil batallas, convierte cada día
en una hazaña, porque tienes el espíritu triunfador
que aniquila abandono y soledad; levántate victorioso
de ese encuentro, nada detenga tu fe, ni oscurezca tu mirada
por las lágrimas. Toma el bastón y camina, abre
las ventanas y la puerta, verás pasar al pequeño
o a otro anciano, el mundo existe y tú eres parte de
él, también te pertenece. Si aún puedes
bailar, ¡baila! ¡canta de alegría!
Adulto
mayor, recibe bendiciones que perduren y conserven la magia
del saber, porque eres sabio y de ti muchos aprenden.
Adulto
mayor, eres inspiración de sueños…
San
Francisco de Campeche, Cam. 25 agosto 2011. |