| Ser
maestro no es cuestión de un juego de cartas o de una
rifa entre amigos; se trata de una labor altamente formativa,
de carácter humanista. La profesión docente es
gratificante cuando los alumnos aprenden y los padres aprecian
las enseñanzas; la sociedad reconoce las acciones y el
educador siente que la semilla del saber germinará en
el corazón y en la mente de tus estudiantes. Cuando reconocen
lo que hace, sea el sistema o no. Entonces, vale la pena celebrar
y sentirse maestro.
El
docente con identidad profesional tiene compromiso consigo mismo,
cree que su labor es importante para el crecimiento de sus alumnos,
porque ambos son personas inteligentes y ciudadanos de buena
voluntad. Eso lo obliga mantener la esperanza y la motivación
para trascender, educar, elevar su nivel vital y personal. La
vocación de servicio y la proyección social son
brújulas que guían el liderazgo, la excelencia
y la trascendencia.
Los
maestros son el foco de la preocupación nacional y el
origen de la solución educativa. La calidad de la educación
depende de la calidad moral y profesional de las personas, no
de las reformas educativas, programas o herramientas, incluyendo
las nuevas tecnologías. Los docentes con alto dominio
personal son más comprometidos, poseen mayor iniciativa,
tienen sentido amplio y profundo de responsabilidad en su trabajo.
Sugiero que cada uno, “abrace un compromiso con su crecimiento
personal”. México necesita maestros y maestras
con personalidad creativa, que permitan a la mente producir
pensamientos (lado izquierdo) y sentimientos (lado derecho);
personas críticas, propositivas, responsables y comprometidas
con la educación y su profesión.
Felicito
respetuosamente a los maestros, por su entrega, dedicación
y vocación a favor de los niños y jóvenes;
porque con sus enseñanzas, siembran la semilla del saber
y con su ejemplo, abonan los valores para el desarrollo armónico
de las facultades de los alumnos.
El
maestro del futuro será distinto del actual y del pasado,
será gestor de aprendizajes significativos, constructor
de escenarios, traductor de deseos y aspiraciones de los niños,
testigo activo de los valores necesarios y de las utopías
de un mundo en transformación.
La
educación es un formidable instrumento para contribuir
al perfeccionamiento del ser humano; el maestro, el promotor
principal de ese perfeccionamiento.
Ya
lo dijo Vasconcelos, en un discurso fechado el 15 de mayo de
1924, “Haced de la educación una cruzada y
un misticismo; sin fe en lo trascedente no se realiza obra alguna
que merezca el recuerdo. El magisterio debe mirarse con fe en
una misión propia y en la causa del mejoramiento humano”.
San
Francisco de Campeche, Cam. 12 de mayo de 2011. |