| En
nuestro país, más del 33% de la superficie son
bosques. Por la riqueza de la biodiversidad, algunas regiones
han sido catalogadas como áreas protegidas o parques
nacionales. Tan solo, en el estado de Campeche, la Reserva de
la biósfera de Calakmul y los Petenes, son dos sitios
que ameritan protección y cuidado de los pobladores.
En
lo que va del año, contrariamente a la disposición,
los incendios han devastado cientos de hectáreas que
ponen en peligro especies de animales y la flora en gran parte
de esas zonas. Los incendios forestales han sido la constante
en estos meses, las altas temperaturas, sequía, imprudencia
e inconsciencia de cazadores, campesinos, conductores de transportes
automotrices y personas irresponsables, han ocasionado la quema
accidental o intencional de grandes áreas verdes. La
falta de sensibilización, vigilancia para castigar a
los responsables y nula supervisión de las autoridades
encargadas, aumenta los siniestros; algunos sí logran
sofocarse, pero otros, aumentan en forma natural que no hay
acciones de control. Es lamentable que el fuego corra sin freno,
acabando con especies de plantas en extinción, montes,
áreas agrícolas, pastizales y superficies arboladas
que forman parte de los ecosistemas.
La
cultura de la prevención debe ser parte de un proyecto
educativo de las dependencias como la SEMARNAT, CONAFOR, Reforma
agraria, Secretaría de agricultura, Medio ambiente y
Ecología, por citar algunas, para que en coordinación
con los Ayuntamientos, Comisarios ejidales y Comités
Municipales de protección Civil, realicen talleres, reuniones
informativas, mensajes radiofónicos y televisivos con
acciones prácticas para evitar incendios, qué
hacer, cómo organizarse, a quién acudir, respetar
los tiempos de quema, organizar guardias para fungir como custodios
de las parcelas, bosques y áreas protegidas.
Si
bien requiere ser un esfuerzo conjunto, es de vital importancia
su implementación, porque desde la oficina, los empleados
de esas dependencias no podrán combatir esos problemas,
es necesario salir al campo, cumplir con las responsabilidades
estipuladas en los manuales de operación y trabajar en
forma organizada, tanto con los trabajadores del campo, empleados
de caminos y carreteras, como con la sociedad en general, porque
ante situaciones de emergencia provocadas por incendios, todos
están en riesgo de sufrir accidentes o pérdidas.
Este
año, grandes extensiones se han convertido en cenizas,
miles de hectáreas afectadas, casos como el de Durango,
Coahuila, Chiapas, Zacatecas, San Luis Potosí, Quintana
Roo, Yucatán y Campeche, han puesto en jaque a la población.
El peligro de los incendios aumenta y los costos económicos
también. Es una verdadera incongruencia, resaltar que
el 2011 es el Año Internacional de los Bosques, cuando
en el país, no se considera tema de atención y
seguridad, y aunque el FONDEN u otros gestionen pagos de indemnización
por los daños, la cultura de la prevención está
apagada por malos hábitos, conductas agresivas hacia
al medio ambiente y falta de concientización sobre el
daño que se causa al planeta y al entorno, particularmente
a nuestra riqueza natural. Ojalá que cada habitante actúe
responsablemente: no tire colillas encendidas de cigarros, vidrios,
haga fogatas, queme pastizales o parcelas sin precaución;
y si es testigo de lo anterior, denuncie el hecho.
Salvemos
los bosques y la tierra en su conjunto, es nuestra gran aldea,
su salud es vital para la humanidad.
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