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Los
escritores ponen de manifiesto la seducción de las palabras
para construir escenarios virtuales, reminiscencias que a lo
largo de la vida acuñan la memoria, también con
sutilezas desvisten a la natura, para mostrarnos la generosidad
de su existencia. Nada mejor que la compañía de
un libro, para dibujar fantasías en el espacio y la mente,
establecer un diálogo, entre el lector y el texto.
Como
una forma de elogiar el espíritu y la magia literaria
del respetable coterráneo, Ramón Iván Suárez
Caamal, la Universidad Autónoma de Campeche a través
de la Dirección de Difusión Cultural, en el marco
de la Feria Nacional del Libro y Arte Universitario, ha puesto
la mirada en la vasta obra de este campechano, cuya contribución
a las letras mexicanas, ha hecho retoñar las hojas de
la poesía, del arte en general, pues también sus
pinturas, son pinceladas al alma, dan colorido a las sombras
del pensamiento y desdibujan emociones del hombre enamorado
o el llanto del pequeño descalzo en el verano.
Acertadamente,
la voluntad impulsada por el deseo de reconocer el legado cultural
del maestro Ramón Iván –ganador de la medalla
“Justo Sierra Méndez”-, los campechanos y
visitantes tendrán el privilegio de navegar por los textos
de tan prolífero creador: Bajo el signo del árbol,
En el insomnio escribo, Vivir cerca del mundo, Cuando te llamo
selva, Pulir el jade, Casa distante, Pejeluna, Destellos del
bambú, Poemas para los más pequeños, Otros
sueños, otros mundos y otros mundos, éstos
son algunos títulos de sus libros. Este poeta del Camino
Real es hijo digno de una estirpe gallarda, perseverante con
las letras, la cultura, la vida, el universo y la niñez.
Como ser humano, su sencillez se refleja en el brillo de la
luciérnaga, en la blancura de las garzas y en la corola
del tulipán. Gracias a su inquietud por dejar la luz
del arte poético en la niñez y juventud, los talleres
literarios bajo su coordinación, han florecido en los
lugares donde la semilla germinó. Su loable labor es
de gran trascendencia.
Son
innumerables los premios y reconocimientos que ha obtenido,
diversas instituciones del país y otras naciones, han
puesto la lupa a los versos de este hijo pródigo de Calkiní;
expertos en Lengua y Literatura, retoman su trabajo como tópico
de estudio, cuya naturalidad emana la transparencia y su comprensión
serena del amor.
Este
año, la Feria Nacional del Libro, promovida por la Universidad
Autónoma de Campeche, se engalana con la presencia de
tan distinguido artista de la palabra y los colores de la voz.
Su inquietud perenne en busca del misterio bajo las piedras,
las líneas de la iguana o el colorido del maquech, hace
a los pequeños y adultos, volar como golondrinas y trabajar
como abejas. Su instinto le permite escribir en el insomnio,
esconder los carrizos, epitafios y aforismos.
Sin
duda, leer los versos de este bondadoso hombre, hace sentirse
hospitalario en la tierra, sus Cantares mayas bordan tapetes
con Apuntes de amor y Arte rupestre, A veces el hastío
te conduce y exclama ¡Asómate a este libro!
Con
su cantar corteja orquídeas, aves, mujeres, a la lluvia,
las rimas y al lector. Estimado seguidor de estas líneas,
déjate conquistar por la riqueza de los libros, sigue
el crepúsculo del saber, saborea los versos del poeta:
Estamos
en abril (Vivir cerca del mundo, 1998)
Estamos en abril, la primavera crece en mis manos
en temblor de savia,
y en mis ojos, la lluvia, algunos sueños.
Todo ha de ser posible en estos días
cuando soy un niño nuevamente
y guardo en mis bolsillos ranas y quimeras.
Esta estación me gusta,
aquí me bajo.
Desde el andén contemplo que descargan
racimos de pájaros,
bandadas de frutas,
estrofas de flores
y ramos de versos
que pregonan a gritos su mercadería.
Después se marcha el tren
mientras sacude su pañuelo estornuda.
Y yo, pequeño, le digo adiós,
río, corro, bailo.
Estamos en abril, ya pronto llueve.
San
Francisco de Campeche, Cam. 3 de abril de 2011.
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