| El
interés de las instituciones gubernamentales por incrementar
el número de lectores mexicanos, ha sido tema álgido
en las políticas del gobierno federal y los estados;
fomentar la lectura en la población, ampliar la red de
bibliotecas públicas, implementar las salas de lectura
en más poblaciones y sitios comunitarios, son algunas
de las estrategias de operación de los programas nacionales.
Inversiones cuantiosas, modificaciones a la Ley de fomento para
el libro y la lectura (promulgada en 2008), cambio al enfoque
de enseñanza del español en la educación
básica y ferias internacionales de prestigio, aun no
impactan favorablemente en las prácticas lectoras de
los mexicanos.
De
acuerdo a la Encuesta Nacional de Lectura (2006) realizada por
el Área de investigación aplicada y opinión
de la UNAM, sugiere en sus conclusiones que hay retrasos en
materia de fomento educativo, de acceso a la información
(bibliotecas virtuales), de pérdida de confianza en las
dependencias encargadas del fomento a la lectura, etcétera.
Tan crítica es la situación, que apenas unos meses,
en agosto 2010, CONACULTA, realizó en México la
Encuesta nacional de hábitos, prácticas y consumo
culturales; casi la cuarta parte de los encuestados refirió
que no tienen un libro en casa, ni siquiera un diccionario;
el 38% declaró tener entre 1 y 10 libros. El 93% no ha
escrito (hablando del proceso creativo) y del escaso porcentaje
de lectores (27%), había leído completo un libro.
México
está en una posición desconcertante. ¿Qué
pasa con los Programas Nacionales de Lectura y de Salas de lectura?
El primero una propuesta de la SEP, el segundo una iniciativa
de CONACULTA. ¿Por qué el porcentaje de lectores
no aumenta? ¿Cuándo se convertirá México
en un país de lectores? Se pueden plantear innumerables
cuestionamientos, algunos con respuestas.
En
uno de tanto eventos y discursos del titular de la SEP, ha insistido
en la necesidad de “una nueva lectura, una nueva cultura
de lectura”. Las palabras son viajeras en el aire.
Para fomentar esa cultura de lectura, tienen que haber maestros
lectores, padres y madres alfabetizadas, pues como afirma el
escritor Felipe Garrido, de la Academia Mexicana de la Lengua,
la población adulta se encuentra en el limbo lector.
Entonces, es urgente que los maestros lean, desarrollen habilidades
lectoras, usen sus estrategias de lectura (anticipación,
inferencias, predicciones), amplíen sus niveles de comprensión
literal, inferencial y crítica, acerca de lo que dicen
los textos; en otras palabras, conviertan la lectura en un hábito
con habilidades para el procesamiento de la información
y la comprensión del significado. La tarea no es sencilla.
Se requieren maestros lectores, capaces de disfrutar, inculcar,
modelar, leer con y para sus alumnos.
La
lectura es mágica, se vuelve cotidiana, cuando se practica
todos los días; permite aprender, entrar a un mundo diferente.
A través de los libros, es posible viajar, trasportarse
en el tiempo y en la distancia, conocer personas, culturas,
pueblos y ciudades; permite visitar lugares antes de haber viajado
a ellos o ir más atrás del tiempo, a otras épocas
y culturas.
La
escuela y el hogar son sitios - por excelencia – para
el aprendizaje. ¿Pueden los padres fomentar la cultura
de la lectura en casa? Desde luego que sí. Leer en familia
dejarías buenas ganancias: mayor acercamiento afectivo,
convivencia con los hijos, calidad de tiempo compartido. Una
forma simple pero altamente gratificante para los hijos, ver
leer a sus padres, hermanos, tíos o abuelitos; escuchar
relatos, cuentos o historias fantásticas de cuentos de
hadas, narraciones de leyendas, fábulas. Entretenerse
con las novelas y autores clásicos, incluso, leer el
periódico y revistas, son muestras fáciles de
imitar desde pequeños. Organizar una visita a las bibliotecas
de la comunidad, consultar los acervos o realizar préstamos
domicilio de alguna obra, son acciones sencillas y gratuitas.
También puede acudir a una librería o a la sección
de libros de los supermercados o tiendas departamentales en
la ciudad; asista a la presentación de libros y cuando
se realice una feria del libro, no dude en llevar a sus hijos.
Si
en la familia, la situación económica es limitada
para la compra de libros, es recomendable el préstamo
a domicilio, intercambio de libros entre vecinos, compañeros
de aula, participar en talleres de lectura entre padres e hijos;
ante tal situación y con la finalidad de promover la
formación de niños lectores, es vital la comunicación
de los maestros con los padres. Sembrar la semilla desde temprano
en los infantes, es abonar la tierra del saber, abrir nuevos
horizontes, poner el mundo en las manos y en los sentidos de
las niñas y los niños. Si estas prácticas
ocurren frecuentemente en la familia, los niños crecerán
aprendiendo y adquiriendo una nueva cultura de la lectura. Es
fácil empezar. ¡A leer se ha dicho!
La
formación de una cultura de lectura implica corresponsabilidad,
las autoridades por sí solas lograrán poco; en
esta cruzada, la participación de los maestros y padres,
el compromiso de directores y supervisores educativos, funcionarios
de las dependencias, tienen que estar conscientes de esta problemática,
de las alternativas de solución y resultados favorables
que pueden alcanzarse en materia de desempeño escolar,
habilidades lectoras, mejora en los índices de las pruebas
estandarizadas como ENLACE y PISA, entre otros. En el hogar,
formarían hijos responsables, críticos, estudiosos,
con hábitos buenos que los alejarían de las adicciones,
ocio o redes sociales peligrosas. Leer para ser mejor. Leer
para aprender.
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