Inicio de la página
Comentarios, artículos, columnas...
 
(12 de febrero de 2006)
 
¿Qué hacer para que el amor perdure? // Ernesto Rodríguez Moguel
 

Esas personas que le dan gusto a su pareja en todo, que jamás discuten para no tener problemas y que quieren perfectos en la relación... son las que primero acaban su amor. Pues aunque pocos lo crean, los enamorados que tienen relaciones duraderas son los que yerran y corrigen sus errores.

En toda unión sentimental es indispensable tener la suficiente madurez para saber manejar los problemas, solucionarlos y escoger el camino correcto. Por eso, para que el amor dure hasta que "la muerte los separe", se necesita:

Escuchar y discutir, pero no agredirse.

El silencio es el mayor enemigo de la comunicación. Cuando una persona se siente ofendida, engañada, manipulada... tiene que manifestarlo. Un "has hecho que me sienta mal" es preferible al ataque que supone "te gusta dejarme mal" . Discutir es necesario, entrar en una guerra, no. Por eso es importante no pretender tener siempre la razón, sino intentar esclarecer juntos las cosas. Para conseguirlo basta con escuchar.

Juntos hasta en las horas de aburrimiento.

Una pareja que pasa la prueba de mantenerse juntos, aunque estén aburridos, tiene el futuro asegurado. La diversión constante llena un vacío que sólo asoma cuando no hay nada que hacer ni qué decir. Hay personas a las que sentarse juntas frente al televisor les parece la mayor prueba de que el amor decae. Sin embargo puede ser la mejor demostración amorosa, de que lo importante es disfrutar del simple hecho de estar juntos, se haga lo que se haga.

Conservar siempre la individualidad.

Nada de fusión, nada de "tu y yo somos uno" , de pretender parecerse como dos gotas de agua. La verdadera unión nace de asumir la propia individualidad y unir las peculiaridades de ambos. Lo contrario es dejar de ser uno mismo para parecerse al otro, renunciar a los propios valores y costumbres. Es típico de quienes desean desesperadamente ser amados que uno de los dos decida sacrificar parte de sí mismo para que todo marche bien. El resultado es que se crea una falsa armonía que acabará haciendo aguas por carecer de base. Antes de comprometerse con alguien es preciso hacerlo con uno mismo.

Jamás pretender cambiar al otro.

La gente no cambia, y eso lo sabe la gente que llevan años viviendo juntos. Un hombre tacaño o mujeriego seguirá así aunque encuentre a la mujer de sus sueños.. Intentar hacer que el otro deje de hacer algo que le gusta implica sembrar en él el resentimiento. Es característico de las parejas inseguras unirse a otras con fuertes debilidades, como el juego, el alcohol, la adicción al trabajo, los celos o la violencia física. Mantienen el error de que el amor conseguirá cambiarlos. Y si se dan estos rasgos, el otro no se los reprocha: prefiere disfrutar de lo bueno de su pareja.

El sexo no lo es todo en la relación.

Se supone que dos personas que se aman se desean mucho, lo que significa que necesitan sexo con bastante frecuencia. Esto suele cumplirse en la fase inicial de la relación, pero luego el sexo deja de ser algo tan imperioso. Además, con el tiempo se añaden nuevos factores a la relación: hijos, exceso de trabajo, deudas, pérdida de la vitalidad a causa de la edad... Las parejas duraderas no ponen en el sexo la medida de sus sentimientos. Saben que el deseo es como una montaña rusa, que sube y baja en función de numerosos factores externos al amor. Tal vez por eso ninguno de los dos se esfuerza, si no lo desea, a tener relaciones como si fuera una obligación.

 
Fuente: Texto enviado por el autor, desde Cárdenas, Tabasco