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Literatura
   
Ernesto Rodríguez Moguel

EL QUEBRANTO DEL JADE

 

2000

 

 

LA SIEMBRA DE/LIRIO

 

I

"Y aquellos pusieron nombre al país y a los pueblos,
y pusieron nombre a los pozos en donde se establecían
y pusieron nombre a las tierras altas que poblaron y
pusieron nombre a los campos en que hacían sus moradas.
Porque nunca nadie había llegado aquí, a la "perla de la
garganta", cuando nosotros llegamos..."

Chilam Balam

 

Nombrar las formas fue el principio
El lirio espigó su fuente
rociando con neblina
la milpa de elotes tiernos

Nombrar lo desnombrado
fue apropiarse suavemente
de la virginidad escondida del silencio
del canto indiferente del cenzontle
de enjambre de flores guindadas en bejucos de fuego
del pavo crestirrojo
y de luciérnagas que bordan el abismo

Nombrando se dio vida
Pudo la sonaja reír en la palma de la mano
y el cascabel atado a los tobillos
cantar soñando

La ceiba abrigó la ternura de la miel
Los pájaros fueron el canto de sus ojos
que consolaron su impávida y aparente quietud

En el rumor del viento
el lirio viajó al mar
a jugar con hipocampos
en la violenta erosión del arrecife

El cáliz de las flores
rebosó la simiente de los dioses
y las arterias la llevaron
a todos los rincones de la perla

Entonces
se tatuó la palabra
en el cuello de un cántaro virgen
y el eco hizo temblar a la tierra

 

II

Una piedra
un puñado de lágrimas prendidas en los ojos del viento
y osamentas incrustadas de jade y obsidiana
son celosos guardianes
del código de mi raza

Incansable marco vestigios en el silencio
revelando historias inconclusas
hasta inundar de olvido las venas en suplicante luto
o herir al paisaje pintándolo de vacío
al pregonar la última gota del cántaro

¿Cómo atenuar esta angustia que anida en mi pecho?

Cuando las nubes besen el vientre de los sueños
golpearé al desierto ensangrentado
para jugar en la excitación de sus chispas
Será oráculo en mi rostro sus carnes virginales
y su resplandor inquietará la distancia
atravesándome con un adiós erosionado

 

III

Me sumergí en la rígida quietud del caracol
para encontrar la desesperación del viento

Junté despreocupado pedazos de luna
y migajas de estrellas caídas en noches huracanadas
para construir un lucero que avizore al océano
en busca de respuestas que ya no existen

Fue una indagación incesante
entre canto de sirenas
vértigo de olas
y la furia de tu voz en el cristal

Esperé impaciente
sobre el faro de este mar ajeno
postrado ante las nostalgias de mis huellas
para cosechar el rumor de/lirio
y sembrarlo a la orilla del llanto

 

EL QUEBRANTO DEL JADE

1

Padre nuestro:
consuela a tus hijos y a los que no lo son
gimen cuando se agrieta el pantano
y esconden su rostro maltrecho
en tinajas donde enterramos a los muertos
y en caracoles que anuncian la llegada de los días

Días y dioses pasan por nuestros ojos
inquietos
incansables
infinitos
van y vienen por el sendero de los abuelos
desprendiendo piedras en los templos
donde extraen serpientes y las consagran a la eternidad

-Confusión que aumenta nuestra pena-

¿Acaso no somos fragmento del mismo barro
Maíz amarillo donde creaste al primer hombre?

2

Mi padre escuchó en el monte
que estás en los cielos
Apretó su miedo
tomó macana y semilla
y sembró la milpa

3

Si santo eres
santificado sea tu nombre
y mi nombre habite en tus labios
donde anidan pájaros de agua:
buena nueva para bautismo de nuestros hijos

Aquellos moribundos que habitan bajo las rocas
con esperanza de unirse a la fuerza de los arroyos
y sus nombres se confundan en el murmullo del agua

¿Dónde van las almas de los críos
quién protege sus cuerpos etéreos
quién sus manos anida en las suyas?

¡Ingrata ignominia!

Dejaré que habite santificada en mi tiempo
para seguir luchando al costado del jaguar
y Kukulkán baje entre luz y sombras
e indique la fecha de la siembra de la muerte

Desprendiendo el alma su morada
deshojará al horizonte calcinado
hasta desnudar al sol que fragmenta al cielo
Ahí la llama incitará mi sangre iridiscente
como río que renueva sus aguas para mantenerlas vivas
y pronunciaré de nuevo tu nombre Hunabk´u
para despertar a los dioses aletargados en su abandono

Fermentará de nuevo el cacao y el pataste
responderán los mares a la excitación de la luna
y el cielo volverá a gobernarse por los Chaques

4

Venga a nosotros tu reino
y verás mi rostro
y el mismo rostro carcomido de mis dioses
en el abandono en esta locura que le llaman vida
Subirán por tu manto los gusanos de mi cuerpo
bajarán consuelos que depositaré en incensarios
para preparar tu llegada
paciente
cauteloso
en este reino tan diferente al tuyo
reino de abandono y miseria

Pero aún dejamos el postigo abierto de nuestras puertas
marcándolo con sangre de venados
en espera del éxodo prometido

5

Creaste la inteligencia en el jaguar y es la propia
con ella construimos templos
oteamos estrellas
fincamos un pueblo otrora próspero
y el corazón vastísimo del hombre
se sembró en el agua y transitó en el viento

¿Somos realmente dueños de nuestra inteligencia?
¿Dónde ha quedado resguardada nuestra ventura?
¿Dónde su grandeza se ha postrado?

Bendita inteligencia en cuerpo y alma
placentero playón a la deriva
sin grilletes
sin barrotes
con motivos
porque libre el hombre por su mente
el cuerpo busca placentero cauce

¡Y seguimos lejos del cielo como las gaviotas!

Por eso es difícil pedirte
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

Te propongo que en tu grandeza
hagamos en la tierra la voluntad de ambos

La voluntad de empuñar mis armas
expulsando demonios que fatigan mi espalda
y tú ayudarás en la estrategia

La voluntad de reconstruir mi pueblo
levantando templos del saber en todas las esquinas
y tú habitarás en ellos para iluminarnos

La voluntad de empuñar mis manos
para luchar por mis ideales
y tú allanarás mi camino en la encomienda

Con voluntad Dios mío con voluntad
vendrá tu reino a izar banderas
en este reino carcomido

6

La muerte confunde su cara en el hambre
se aposenta inquieta en las esquinas
para recordarnos día a día
la muerte de todos

Una mano extendida
como extendido está mi aliento
va muriendo sepia ante mis ojos

Un niño arrullado en brazos de la noche
con dos costras en la cara
tres rasguños en la espalda
o quizá nada

Tras él
sigue habiendo un trozo de historia
la misma historia de nosotros:
de conquista y soledad y esperanza
donde existe un mundo de amor que no nos pertenece
donde los espejos no reflejan su rostro
porque está fuera de alcance

Orar bajo las ruinas de mi pueblo es mi vicio
consolado que en la otra orilla nos esperan
con el pan y el vino que antes de pedirlo es nuestro

Gran Dios Danos hoy el pan de cada día
para ahuyentar a los fantasmas

7

¿ofendo?
¿ofendes?
¿ofendemos?

¿nos ofenden de nuevo?

E imploramos:
Señor perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden
¿Ofensas?
Si todo es tan normal
con leyes que carecen de leyes
donde se da el zarpazo al menor descuido
y se deja que se desangre el alma

Y continuamos el programa de la vida:
ofendo
ofendes
ofende
ofendemos
ofenden

nos ofenden de nuevo...

8

Antaño de frondura fue nuestro pueblo
tatuado de inmortales bendiciones
brillantes monumentos y grandes luces
donde empezó a nacer nuestra grandeza
a hacerse herida

En el sendero la vida se entorpece
comienza a declinar sus estandartes
a bajar sus fuertes armas para siempre

Es una tregua bien planeada
en un camino escabroso y terco
que se va suavemente dominando

Queda atrás el recuerdo como ráfaga de sueños
del que se conservan sólo los gemidos
látigos heridas y lamentos
o simplemente un placer
una sonrisa

Hay tantas tentaciones como intentos
siempre se encuentran a la vuelta de la esquina
Ésa que con disimulo mira a los ojos
y aquélla que entra sin permiso

El insomnio entorpecido se desploma
sobre años de necesidad y ausencia
es por eso que te pido Padre nuestro
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal
ahora y siempre

Amen

 

MISTERIOS DOLOROSOS

AVE MAYA

Dios te salve maya
lleno estás de desgracias
los grandes señores se han ido
bendito sea tu hambre entre todas las penurias
y bendito sea el fruto de tus lágrimas

PRIMERA ESTACIÓN

Soy el primero en el vía crucis
la última serpiente y el último jaguar

La estación primera incitó a los dioses
A mil gritos revivió del viento su impaciencia
fermentándolo hacia la sombra retorcida de mi lengua
con palabras ocultas en piedras ancestrales

Hay comunión de espejos
que aspiran miedo y exhalan fe
Eternos sacrificios en la aurora brotando del verbo
como el día cuando mis ojos inventaron lágrimas
para depurar la cobardía y sus martirios

Hay ceremonia de contornos
estirándose enverdecidos en la penumbra
cuando la boca inaugura furia
y brillan luces de condena en un viento frío que debasta
entrega
mata y revive hasta la epigrafía del cielo
golpeando rocas de granito sobre el cadalso

Otro sortilegio sobre este pueblo sombrío
justificándose con llantos
ofrendas y sacrificios
Mirando siempre a la ceiba en sus trece cielos
donde almas indias conjuran justicia
almas desprendidas de la sabia del maíz

SEGUNDA ESTACIÓN

Cómo hiere el cuerpo este madero
estas astillas que se clavan en mis hombros
en mi espalda

Cómo mitigo el martirio que bifurca la carne
Con qué alivio este peso abandonado por la inconsciencia
por el poder que navega en deshonra
Para qué morir y vivir con el aroma de la sangre
en lo insondable del sollozo
germinando en la comisura seca de mis labios
Qué ungüentos apagarán este fuego
Qué secretos conjugan sed y agua para extraviar al tiempo
para relucir la obsidiana
y derramar sus enigmas desde la obscura nube
sin comprender la simplicidad de la luz
en las perdidas pupilas del verdugo
en la conjugación de sus manos
su mirada
sus sombras que huyen salitrosas

Dime Padre
Cómo deshilvanar los lirios enmohecidos en la piedra
Con qué lluvia cercaré mis palabras
hasta el umbral del precipicio tallado por la muerte

TERCERA ESTACIÓN

Se tensa el cuerpo
sobre templos profanados por geometrías difusas
hasta asilar miradas en la fetidez de la carne
en manos indias que esculpen ídolos al aire
buscando respuestas ocultas en las entrañas del barro

Los dioses no responden
y el cenote permanece inmutable debajo de la ceiba
quien detuvo sus aguas para oír mi voz aniquilada
Mi voz que camina y cae por primera vez
que cae y se levanta titubeante
para sembrarse en medio de la llovizna

El relámpago teme a la palabra
cuando germina en el borde de su oído

Entonces bebe sus aguas
y talla una cruz de fuego en profesión de fe
para santiguar a los espectros que tiñen de rojo el claustro
cuando el jaguar legaliza su ataque en la hilaza de la noche
desdibujando murales ensombrecidos
con su rugido
su doloroso rugido
que resuena en las veredas

Fragor que hace perpetuar la ira
hacia el monasterio de Diego de Anda
el gran incendiario del primer colmenar
flor de la miel
jícara de la miel
y corazón de la Tierra

CUARTA ESTACIÓN

Inmune al suplicante látigo fueron mis ojos
al lamento pronunciado
junto a la calzada de tormentos
cuando tatuaron en piel el sueño maya

Sabía que sólo la paciencia
arrastraría su cruz hacia las rocas

Que una lágrima aún más profunda
era construida por libélulas de agua
para limpiar sus internas vestiduras

Sabía que el cuerpo habita en el alma
el alma en la estera blanca del espíritu
y conjugados diviniza

Que esperaba la agonía
desde la hora prima para recoger mis polvos
para recoger mi frente estremeciéndose
bajo la piel quebrada de mis puertas

Trece veces la miré hoy
en la séptima noche del séptimo día

Sabía que sabía de la faena del dolor

QUINTA ESTACIÓN

En ásperas escalinatas
fue que anoté el nombre de Simón de Cirene
y lo escondí en mi ceñidor

La red era mi símbolo en el fuego sagrado
al destruir el espectro de las tinieblas
en el gran día cuatro-ahau

Acaeció en un solo día
Acaeció en una sola noche
-En un día cumplido sucedió-

¿Quién es el Cirineo?
El de la gran mansedumbre
El de los glifos de conejo
El primer pez
el primer pan
el primer diluvio
la primera paloma
El de poco después de mediodía
El de poco después de medianoche

Inventó la firmeza de su espalda
en el centro de la flor
al transcurrir en ovillo todo un día

Los otros que le acompañan
de ahí vienen
de la morada de su Padre el Sol
El Gran Rey Rojo: Itzamná

SEXTA ESTACIÓN

He sido limpiado del rostro
como a los que olvidan su historia
en este escaparate añoso
donde hombres de maíz
se dispersan en el tiempo

Todo es un comienzo
un eterno comienzo de la vida que nunca termina
que se envuelve en su propia piel y se renueva

¿A cuál de los nueve infiernos irán nuestros verdugos?
aquellos que pregonan verdad y siembran injusticias
al desvanecer con fuego los códices heroicos
y hacernos cargar en círculos el madero ya astillado
bebiendo tras la ventisca nuestra sangre en sus calzadas

¿Será que la vida permanece en un sueño abandonado?
Lo único certero es que transforma el dolor de cada instante
cuando caminamos con el sol
y nos vamos extinguiendo poco a poco
como un transparente anochecer

SÉPTIMA ESTACIÓN

Indago las fronteras
en la veintena de años sin nombre
Jaguares embravecidos detienen esta segunda caída
y mis hambrientas manos son venganza anunciada
Habrán apresurado el crujir que desgrana muy cerca de la boca
cuando presencian la resequedad tras esta ausencia

Apremia sin conciencia el hambre
Impuestos civiles y religiosos llenan sus cuernos

La luna todavía no guarnece anillos de lluvia
Se queman árboles junto a los amaneceres
cuando arden las pezuñas del monte y mi paciencia
Las astas de los venados se iluminan
con nidos de amargura y desesperanza

Hormiguero es mi pueblo en pos de alimento
Como fieras del monte están hambrientos
como gavilanes están hambrientos
y comen hormigas y tordos
con las desparramadas hojas de la chaya

Chorrea sangre en las escalinatas de los templos

¡Sacrificios ya no más!
en días que miden impiedades
y se llevan a reposo los osarios de termita
amortajados con lágrimas y aflicciones olvidadas

Nunca han de llegar al centro de la ceiba
ni podrán señalar: éste es nuestro cielo
nuestro el placentero vivir debajo de su sombra

OCTAVA ESTACIÓN

Tras la desolación
desde los cuatro ramales del camino
donde el Gran Rey Sol mora en petate blanco
alzaré mi voz reconquistante
Así en el oriente como en el norte
así en el poniente como en el sur
porque es Señor del fuego
de agua que serpentea en cadera de tinajas
del aire y tierra donde moran los hijos del sol

Habrán de volver los Dzules al poniente sus rostros
a esconder sus ojos
a clausurar su boca
porque Hunapk´u es quien da lo bueno y malo
entre buenos y malos

Subirán a las azoteas de sus casas
donde estrellas humeantes como flores luminosas
anunciarán la llegada de pueblos mayas
pueblos de maíz
seno de hembra
rostros morenos
voces engrandecidas
Incitando al sol-del-rostro-desollado
a encanecer sus cráneos

¡Todo cambia
como cambia el instante!

Cincuenta mil mayas invencibles
cincuenta mil cuerpos de piel pegada a los huesos
rescatando su frente del dramático ocaso
Sólo bastó enarbolar banderas para sentirse otra vez despierto
bastó sólo la conmoción de la sangre
¡Qué importa el suplicio de las espinas
los azotes de lágrimas y ausencias!
si cada noche morimos y nacemos al alba
con los ojos y los brazos al viento

NOVENA ESTACIÓN

Arrebata el claro del cielo la ventisca
Chachalacas y palomas
vuelan a sus nidos

Suenan en el poniente tunkules
en el sur caracoles suenan
el zacatán en el oriente suena
suena en el norte la jícara

Nubes prematuras vacían sus cántaros
en campos de tinajas resquebrajadas
de insaciable sed convertida en misterio
despojando el velo de la última rebelión

¡Qué lejana reconquista!
¡Qué ilusiones frustrantes escritas
en glifos del Gran-Chac -de-Aretes-Rojos!

Nos esperan las milpas del poniente
Nos esperan las milpas del sur
Nos esperan las milpas del oriente
Nos esperan las milpas del norte
para que haya maíz
para que haya palabra

Fuertemente abrazaré a las nubes
intensamente sostendré al viento
para aplazar el odio
para diferir la victoria

Se ofrendará humo de copal al Gran Padre
para esconderle su rostro detrás del tronco de la ceiba
Brotarán columnas de fuego donde depositaré mi espíritu
y un nuevo sol dorará mi cuerpo de maíz
maíz que pedí a mis dioses
maíz que pedí a mis amos
maíz que sigo pidiendo

DÉCIMA ESTACIÓN

Qué sendero más abrupto el del hombre
¿De cuál linaje salió la avaricia por mis vestiduras?
De la abuela verde
de ahí cosecharon al gran pecado original
¿De dónde sacaron la codicia?
De ahí la sacaron
de la morada del mono blanco
en el pecho de la abuela
Del corazón rojo
corazón blanco
corazón negro
corazón amarillo

UNDÉCIMA ESTACIÓN

Regresa a empaparse en mi memoria
el polvo negro del Calvario
donde rostros injuriosos recogieron mi espectro
y clavaron mis manos
con exhalaciones y lamentos que se aproximan
y que aún me persiguen en esta cima

Sé que llegará el final
Que todo se extingue

Final que espera encerrado en los nimbos
espera en la tierra
espera en el viento
espera en el sol
espera en la noche
espera encerrado frente a mí
espera bien encerrado en la virginidad de Ixchel

Es el recomienzo de una historia indescifrable
incrustada en el fondo de las cavernas
donde todo anhelo se avienta a los pedernales
al espejismo de los cenotes
al círculo rojo de la memoria
y a todos los surcos de gusanos amarillos que viven en la lujuria

Entorno gélido acompaña a la piedra de sacrificios
las nubes se desprenden violentas y los truenos
abrazando la indulgencia
que cae lenta como el rocío

DUODÉCIMA ESTACIÓN

Padre
en tus manos encomiendo mi espíritu
Y las tumbas frías de abandono sueñan mi muerte
y desde ahí diviso crepúsculos en franco rompimiento
Dibujo señales bajo este cielo
donde mi esperanza se ha vertido en unos cuantos olvidados
en la paciencia del Hijo del Sol clavado en el oriente
Ahí
el acecho recién brota desde mi sangre
brota en presencia de la Abuela Verde
Costilla de maíz tierno vertida en la jícara
llenando el manantial de los hijos del pecado

Ahí
en este Gólgota situado en la cima de cualquier monte
nos reencontramos con la sangre
para vivir muriendo

Desde esta cruz exhalando la existencia
destella un sollozo que refleja dos manos
clavadas en el poniente
clavadas en el sur
clavadas en el oriente
clavadas en el norte
donde el rostro ensangrentado se desparrama
cumpliendo el ritual de los Bacabes
al darle sustento a la expiración
hacia la hora sexta
hasta la hora nona

DECIMOTERCERA ESTACIÓN

Cae desfallecido este pueblo inerme
ante el desplome de mi presencia
recordando esplendores grabados en murales
palacios y templos engarzados con tribulaciones
con plazuelas donde se teje la vida

Va el silencio nadando por el lago
Esconde su cuello en el instante mismo
en que el viento aporrea su plumaje

Va el silencio repasando su historia presentida
Pavonea sus plumas de tinta negra
al medir las olas y recoger sus lágrimas
Va el silencio hacia el silencio suspirando vida

DECIMOCUARTA ESTACIÓN

Vivo con rebeldía esta ebriedad que a nadie pertenece
desde el instante mismo en que te conocí
me mantuve cerca de la mucha luz que guarda

Hoy gritaré que no acepto empedrar mi espíritu
que la sepultura abrirá su tercera carta
y tomará una copa tempestuosa en lo que fue sensato

Hoy empuñaré el arco de cicatrices
y besaré a carne viva la consternación
que esperaba que todo concluyera

Entonces abriré mi nombre
que laboraba descalzo y andrajoso
donde se entienden los pormenores de la muerte
y la rabia alumbra desafiante a lo imperfecto
a tanta desidia
por querer esculpir para nadie las memorias
al golpear con la fuerza de Dios la estera del cielo

Nada es eterno
ni siquiera el nombre del agua desdibujándose
ni siquiera el fuego
quien se jacta poseyendo todo
aunque sólo desee eternizarse en el recuerdo
con su camuflaje de pasión que hiere

Ya cesaron de filtrarse las ollas
con nostalgia echo mi sed y mi cansancio
en esta gran tinaja de barro rojo que será de todos
la única fuente donde sus aguas sacian
Donde los muertos se verán es sus espejos
rastrearán el escondrijo de su memoria
y honrarán al pueblo

ÚLTIMA ESTACIÓN

Esta noche la luna resucitada es imprescindible
he visto a Hunapk´u sonreír
clavado entre manos brillantísimas
Sus huesos: ramajes de pochote
movidos por grandes oleadas
Marcas de sangre en pies y manos
dos cuentas de jade en la garganta
tres ánforas con barro blanco desdibujan su pecho
mezclándose en lo perpetuo

He mirado de frente el crujir de mis huesos
ahora nada me importa más que ese instante
abriéndose y cerrándose
como boca de jabalí herido
o Garganta del Sol que respira tiempo y exhala vejez
Su voz no quedó igual a otras voces
ahora tiene mis ojos
y la sensación hace ladrar al tiempo
con oraciones implorando a mis fantasmas

Ahora mismo podré encontrar un paraje
donde reposen los mayas
donde puedan cubrir de pie la desnudez
entre delgadas hojas que aromen su nombre

En cada canto de piedra del santuario
un pequeño oráculo recordará su historia
del abrupto tropezar y el siempre valor de sostenerse
de proclamar al sol y derrotarlo
sin más luminosidad que la fe de sentirse vivo

Bajo la muchedumbre
los hijos de las abejas embrocarán una jícara amarilla
otro conjuro del tacto desde mis ojos
otro secreto donde recordarlos
otra ventisca corriendo la noticia de hojas secas
en esas tardes de verano

Te aproximaste a mí Oh Señor
sin el recelo del torbellino que viene desde tu boca
en franco instante en que nombró mi suerte

El puño testifica las líneas en mis manos
de las ruedas y sus días
ante esta noche fatigosa y su silencio
poniéndose su atuendo azul para recibirte
Sabe que las nubes llevan palabras hacia la aurora
hacia las alpargatas que descansan sobre los resquicios del tiempo

Las piedras permanecen cegadas por el resplandor del cenote
ante la limitación de descifrar los nombres con tus hijos antiguos
que vivieron en una grandiosa ciudad
mitad olvidada
mitad luz.

 

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Fuente: Ernesto Rodríguez Moguel. Ernesto. El quebranto del jade. Ed. Nave de Papel, Bacalar, Quintana Roo. 2000, 67 p. (Col. Garganta del Sol, Grupo Génali de Calkiní, Campeche).